Hebras y Vejigantes: cuando la negritud boricua ocupa el centro del museo y de la historia
- Conecta Puerto Rico

- 9 feb
- 4 Min. de lectura
Por Conecta Puerto Rico | Segmento #ConectaContigo

En medio de un ciclo informativo marcado por la urgencia, la fragmentación y la saturación, hay noticias que no interrumpen: enraízan. Noticias que no solo informan, sino que reordenan la memoria, invitan a mirar hacia adentro y a preguntarnos, con honestidad, quiénes somos y de dónde venimos.
Una de esas noticias es Hebras y Vejigantes, un videoarte puertorriqueño seleccionado para exhibirse en la National Portrait Gallery del Smithsonian Institution como parte de The Outwin 2025: American Portraiture Today. Entre más de tres mil postulaciones internacionales, la obra fue escogida como una de apenas una treintena, situando la negritud boricua en el centro de una conversación cultural, histórica y contemporánea que trasciende fronteras.
La pieza, creada por los artistas puertorriqueños Juan Pablo Vizcaíno Cortijo y Gloriann Sacha Antonetty Lebrón, no solo representa un logro artístico. Es, también, un acto político en el sentido más profundo del término: existir, narrarse y mostrarse sin mediaciones.

Entrar al museo sin pedir permiso
Para Vizcaíno Cortijo, la llegada de Hebras y Vejigantes al Smithsonian no puede entenderse únicamente como una validación institucional. Es la culminación de años de trabajo comunitario, investigación y resistencia cultural.
“Para nosotros es un logro grandísimo. Son muchos años de trabajo y de lucha de nuestras comunidades afrodescendientes para lograr espacios que históricamente se nos han hecho más difíciles”, expresó el artista. “Cuando ocurren logros como este, no solo nos llenan de orgullo, también nos amarran más al compromiso de seguir luchando por un mundo más justo y más parejo”.
La obra se presenta en una instalación inmersiva compuesta por doce pantallas de seis pies, dispuestas en un espacio oscuro que remite a un batey contemporáneo. Allí, trece retratos —niñas, jóvenes, adultos y mayores— se mueven de forma simultánea, envueltos en sonido envolvente, bomba, scratch de DJ, textiles africanos, peinados tradicionales y la poderosa figura del vejigante como símbolo de transformación.
“La tecnología fue una apuesta consciente”, explicó Vizcaíno Cortijo. “Vivimos en pantallas: teléfonos, tablets, computadoras. Queríamos que lo ancestral dialogara con ese lenguaje contemporáneo, sin perder su raíz. Mostrar lo que ha existido por miles de años de una forma limpia, viva y actual”.
Reescribir la memoria desde la dignidad afroboricua

Para Gloriann Sacha Antonetty Lebrón, Hebras y Vejigantes es una respuesta directa a los vacíos —y silencios— de los relatos oficiales sobre Puerto Rico.
“Es un orgullo enorme poder representar, en apenas cinco minutos de videoarte, una historia mucho más extensa”, señaló. “Aquí están nuestros cabellos, nuestros peinados africanos, la bomba, los vejigantes, las telas, la música urbana de los noventa. Todo eso somos”.
La artista subraya que la pieza no separa disciplinas ni épocas. Las conecta. En Hebras y Vejigantes, la bomba dialoga con el hip hop, el scratch con el tambor, la niñez con la vejez. Nada es accesorio.
“Hay una responsabilidad bien grande como artistas y como puertorriqueños negros de representarnos en nuestra autenticidad”, afirmó Antonetty Lebrón. “Muchas veces nuestras manifestaciones culturales se usan como puerta de entrada al mainstream, pero se borra su origen. Sin la bomba no existiría el reguetón. Sin la plena, no existiría la salsa. Todo está conectado a África”.
Verse reflejado: identidad para las nuevas generaciones
Uno de los aspectos más poderosos de la obra es su capacidad de interpelar a las nuevas generaciones, especialmente a jóvenes afrodescendientes que hoy construyen su identidad a través de pantallas y contenidos digitales.
“Aquí hay personas de todas las edades”, explicó Antonetty Lebrón. “Mayores que representan sabiduría, jóvenes adultos, niñas. La figura del vejigante nos permite transformarnos, navegar entre generaciones y reconocernos en cada etapa de la vida”.
Ese reconocimiento no es abstracto. Durante la apertura en Washington D.C., ambos artistas fueron testigos de reacciones profundas y emotivas.
“Personas afrodescendientes lloraban frente a la pieza”, recordó Vizcaíno Cortijo. “Personas mayores norteamericanas no nos soltaban las manos. Había curiosidad, preguntas, emoción genuina. Fue impactante ver cómo una obra desde Puerto Rico generaba ese diálogo”.
Orgullo, felicidad y permanencia
Cuando se les pregunta qué emociones esperan despertar en quienes entren a la instalación —boricuas o no—, la respuesta es clara y compartida: orgullo y alegría.
“Hay una sensación de realeza en los movimientos, en las posturas”, dijo Antonetty Lebrón. “La música, el baile, las niñas levantando el puño… todo te recuerda que estamos aquí, vivos, creando”.

Vizcaíno Cortijo coincide, aunque todavía le cuesta asimilar la magnitud del momento.
“Todavía no lo creo”, confesó. “Pero es una felicidad profunda, una esperanza real. Ojalá esta pieza pueda exhibirse también en Puerto Rico. Ese sería un hermoso cierre del círculo”.
Una invitación abierta
Hebras y Vejigantes estará en exhibición en la National Portrait Gallery del 24 de enero al 30 de agosto. Además, la obra compite por el People’s Choice Award de The Outwin, permitiendo que el público participe activamente en su reconocimiento.
Quienes no puedan visitar Washington D.C. pueden conocer más sobre la pieza y votar a través de hebrasivegigantes.com, donde también se enlaza directamente a la página oficial del museo.
Porque esta obra confirma algo esencial:la cultura afroboricua no es pasado. Está presente. Es tecnología. Es memoria viva. Y contarla —desde nosotros— sigue siendo un acto de justicia.





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