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Sinhogarismo en Puerto Rico (Parte II): salud, hambre y un sistema que no acompaña

  • Foto del escritor: Conecta Puerto Rico
    Conecta Puerto Rico
  • 12 ene
  • 2 min de lectura


Por Conecta Puerto Rico | #EnVozAlta


En la segunda parte del diálogo en el segmento En Voz Alta, la conversación se desplazó hacia una realidad que suele quedar fuera del análisis público: la relación entre el sinhogarismo, la salud mental, las adicciones y, cada vez con más fuerza, el hambre. Más allá de los estigmas, el panel coincidió en que no existe una sola causa ni una sola historia, sino múltiples trayectorias marcadas por la precariedad y la falta de acompañamiento sostenido.


El enfermero y activista comunitario Luis Pagán compartió lo que ha visto en el terreno durante años de trabajo directo con poblaciones vulnerables. En sus actividades comunitarias recientes, especialmente durante la temporada navideña, encontró una tendencia alarmante: más personas con techo, pero sin comida, que personas viviendo en la calle.


“Hoy vemos más personas indigentes que deambulantes; gente que tiene dónde dormir, pero no tiene qué comer”, expresó Pagán, al describir cómo el alto costo de vida ha empujado a familias completas, adultos mayores y trabajadores informales a depender de comedores comunitarios para sobrevivir.

Pagán explicó que el hambre se ha convertido en una antesala silenciosa del sinhogarismo. Personas que antes lograban sostenerse ahora deben elegir entre pagar renta, comprar medicamentos o comer. Esa fragilidad económica, sostuvo, está creando una nueva población invisible que rara vez aparece en las estadísticas oficiales.


La conversación también abordó la relación entre salud mental, adicciones y recaídas. Desde la experiencia del sistema coordinado de atención, Belinda Hill, directora ejecutiva de la Fundación Solo Por Hoy, señaló que uno de los mayores fallos del modelo actual es la ausencia de tratamiento continuo y acompañamiento a largo plazo.


“No puedes pretender que una persona que ha vivido años en la calle se recupere en 72 horas y salga con una receta en la mano sin tener dónde dormir”, advirtió Hill.

Hill explicó que Puerto Rico enfrenta una grave escasez de servicios de salud mental y tratamiento contra la adicción, especialmente programas de 30, 60 o 90 días que permitan una recuperación real. Sin ese apoyo, muchas personas recaen no por falta de voluntad, sino porque regresan a la misma precariedad que las llevó a la calle.


Aunque destacó que existen modelos que sí funcionan —con tasas altas de éxito cuando hay acompañamiento adecuado—, Hill fue clara en que el sistema está desbordado. Hoy entran más personas necesitadas de ayuda especializada que el sistema puede atender.


Esta segunda parte del diálogo dejó una conclusión contundente: el sinhogarismo no es solo un problema de vivienda. Es una crisis que cruza la salud, la alimentación, la economía y la dignidad humana. Atenderla requiere mucho más que programas temporeros; exige planificación, voluntad política y un compromiso real con la vida de quienes hoy sobreviven en los márgenes.

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