Turquía más allá de las novelas: una guía boricua para descubrir Estambul, Capadocia y Éfeso
- Conecta Puerto Rico

- 12 jun
- 4 min de lectura
Por Marisaida Morales | Conecta Puerto Rico | Segmento #ADarUnaVueltita

Cuando Fatma Gül llegó a las pantallas puertorriqueñas, Turquía dejó de ser un destino lejano para convertirse en un sueño concreto. Pero hay una diferencia enorme entre ver ese país en una telenovela y caminarlo de verdad. Marisaida Morales, conductora del programa, lo hizo hace un año —y esta semana regresó para contarlo todo y llevarnos a dar una vueltita hasta ese país fascinante donde la historia, la cultura, la gastronomía y los paisajes se encuentran en cada esquina.
El recorrido comenzó en crucero, tocó la antigua ciudad de Éfeso en Kuşadası, culminó en Estambul y luego dio un salto inesperado hacia uno de los paisajes más surrealistas del planeta: Capadocia. Un viaje que, según ella misma lo describe, cambia la perspectiva de cualquiera.
Estambul: donde Europa se abraza con Asia
Lo primero que golpea al llegar a Estambul es esa dualidad geográfica única en el mundo: la ciudad que conecta dos continentes, Europa y Asia, separados apenas por el estrecho del Bósforo.

La Mezquita Azul es parada obligatoria. Sus techos pintados a mano con motivos en azul cobalto y sus mosaicos interiores justifican por sí solos el viaje. Para entrar, las mujeres deben cubrirse la cabeza y todos deben quitarse los zapatos —una práctica que forma parte de la experiencia y no de un obstáculo.
Navegar el Bósforo tampoco tiene que ser costoso. Hay ferris públicos que, por muy poco dinero, ofrecen una travesía con vistas panorámicas de la ciudad que pocas postales logran capturar. La Torre de Gálata domina el horizonte, y los gatos —famosos y queridos en Estambul— aparecen en cada esquina, cuidados con un cariño que forma parte de la identidad de la ciudad.
Pero el lugar que más marcó a Marisaida fue la Cisterna Basílica: una enorme reserva de agua subterránea construida en el siglo VI por el emperador Justiniano durante el Imperio Bizantino. Se camina sobre puentes metálicos mientras el agua refleja las columnas, hasta llegar a las dos cabezas de Medusa —esculturas de la mitología griega reutilizadas como bases de columna, colocadas, según algunos guías, para neutralizar el poder mítico de la Gorgona y asegurar agua abundante para la ciudad.
"Caminar por sus calles es encontrarse con siglos de historia. Turquía mezcla los dos continentes y eso se siente en cada paso", expresó Morales.
Capadocia: otro planeta en la Tierra

Si Estambul es historia y arquitectura, Capadocia es otro mundo por completo. Formada por roca volcánica esculpida durante milenios, esta región del interior de Turquía parece sacada de una película de ciencia ficción —y al amanecer, cuando decenas de globos aerostáticos de colores llenan el cielo, la escena se convierte en una de las imágenes más reconocibles del turismo mundial.
Marisaida no subió en globo —confiesa que el miedo la venció— pero sí hizo el recorrido hasta el Valle del Amor para ver el espectáculo desde tierra. "Son muchos globos. Es un espectáculo. Es otro planeta", describió sin dudar.
La Capadocia también guarda historia subterránea: sus habitantes construyeron ciudades bajo la roca para protegerse de invasiones. El Valle de las Palomas, nombrado así porque durante generaciones se construyeron pequeños refugios para estas aves cuyos excrementos se usaban como fertilizante, es uno de los rincones más particulares de la región.
"Capadocia es más tranquila que Estambul. La gente es bien amable, la historia es fascinante y el paisaje no parece real", señaló Morales.
Éfeso y la Casa de la Virgen María: historia y espiritualidad
En Kuşadası espera Éfeso, una de las ciudades grecorromanas mejor conservadas del mundo. Caminar entre sus columnas milenarias invita a imaginar cómo era la vida en uno de los centros urbanos más importantes de la antigüedad.
Pero lo que más tocó el corazón de Marisaida no fue la ciudad antigua sino un lugar cercano: la Casa de la Virgen María, donde se cree que ella pasó sus últimos años de vida.
"Tú prendes una velita y es un sitio lleno de paz que tú sientes. De verdad que sí", expresó emocionada Morales.
Consejos prácticos para el viajero boricua
Marisaida fue clara: Turquía se disfruta mejor con un agente de viajes. El idioma es una barrera real —el inglés no es común entre la población general— aunque tuvo la suerte de encontrar personas que hablaban español. La buena noticia es que el destino no es caro.
Algunos apuntes para ir preparado: llevar zapatos cómodos es esencial porque Estambul, como el Viejo San Juan pero multiplicado, se camina. Hay que pedir el kebab en valija —una presentación donde cocinan la carne dentro de una olla que rompen frente a ti— y el ayran, la bebida tradicional hecha con yogur. Las mejores temporadas son primavera, entre abril y junio, y otoño.
Y para el vuelo: medias de compresión. Son entre 14 y 20 horas de travesía.
"Les aseguro que les va a encantar", prometió Marisaida. "Y todavía faltan muchas cosas más — no les hablé del Gran Bazar."
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