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El bullying no es cosa de niños: por qué uno de cada diez estudiantes sufre acoso y qué responsabilidad tenemos todos

  • Foto del escritor: Conecta Puerto Rico
    Conecta Puerto Rico
  • 4 ago
  • 3 min de lectura

Por Conecta Puerto Rico | Segmento #UnaVoz4Miradas

El acoso escolar no termina cuando suena el timbre de salida. Hoy continúa las 24 horas a través de las redes sociales y las plataformas digitales. Con uno de cada diez estudiantes de escuelas públicas en Puerto Rico reportando haber sido víctima de bullying, y cientos de casos adicionales de ciberacoso documentados, el panel de Una Voz, Cuatro Miradas abrió una conversación que la sociedad puertorriqueña no puede seguir postergando.


No es solo un problema de la escuela: es multifactorial

La primera coincidencia del panel fue que no existe un solo culpable. El bullying, como cualquier otro tipo de violencia, tiene múltiples factores que lo alimentan simultáneamente.


"El acoso es multifactorial. Hay factores individuales, como las características y experiencias de vida del niño. Hay factores familiares, no solo de crianza sino de las dinámicas que ese niño está normalizando en casa y llevando afuera. Factores de pares, porque quienes avalan la conducta del agresor también forman parte del problema. Y factores socioculturales, incluyendo qué recursos y métodos tiene la escuela para atender estas situaciones. Todos tenemos responsabilidad en el proceso", explicó la Dra. Marilia Padua, psicóloga clínica

La especialista también señaló algo que muchas veces se pasa por alto: quien agrede frecuentemente ha sido agredido antes. El bullying es, en muchos casos, una conducta aprendida.


El hogar como punto de partida

Una de las voces del panel señaló algo que la estadística sola no muestra: los hogares violentos o permisivos, donde no hay normas ni límites claros, pueden ser caldo de cultivo para conductas de hostigamiento. Y al mismo tiempo, los hogares donde los padres educan y comunican pueden ser la mejor herramienta de prevención.

La experiencia personal ilustró el punto con fuerza: una sobrina con autismo fue víctima de bullying en la escuela porque hablaba sola. Cuando la familia acudió a la directora, la situación fue minimizada y quedó sin atención. Un caso que se repite en muchas escuelas de la isla.


"Yo creo que no hemos sabido identificar bien qué es el bullying, o no lo hemos querido identificar. Si un maestro escucha que cuatro o cinco niños están encima de otro, algo está pasando. Y hay que salir a ver qué es", acotó una de las panelistas.

Educar al grupo: la lección que funcionó

Una de las historias más poderosas del debate vino de la experiencia directa de una madre con un hijo con síndrome de Asperger. Tras sufrir acoso en una escuela pública, fue transferido a una escuela privada donde la madre habló con la directora y le dio autorización para educar al grupo sobre el autismo: qué es, cómo se manifiesta, por qué el niño podía hablar solo o hacer movimientos repetitivos.

El resultado fue transformador. Los compañeros del salón se convirtieron en sus defensores. Nadie podía tocarlo.


"Yo creo que es la educación. Con ese chispito que se hizo en el colegio, sí da resultado. Hay que educarnos. Y los papás también tenemos que aceptar, si nuestro hijo tiene una manera de comportarse con otro, hay que intervenir. He visto personas que no aceptan que su hijo es un agresor, y ahí tenemos otro problema", señaló Morales

El ciberacoso: cuando el bullying no tiene horario

El panel también abordó la dimensión digital del problema. Las redes sociales no crearon el bullying, pero sí lo multiplicaron y le quitaron límites de tiempo y espacio. Lo que antes terminaba en la escuela ahora puede continuar en el cuarto de la víctima a las dos de la madrugada.


"¿Quiénes hacen las redes? Los seres humanos. Estas mismas personas replican en línea lo que hacen fuera de ella. El problema se ha transformado, pero la raíz es la misma", observó una de las voces del panel.

Una responsabilidad compartida que no admite excusas

El cierre del debate fue unánime: el bullying no es una etapa normal del crecimiento ni un problema que deba minimizarse. Sus consecuencias pueden ser profundas y de largo plazo en la vida emocional, académica y social de un niño o adolescente.


La prevención requiere que la familia escuche y establezca límites claros, que las escuelas cuenten con recursos y protocolos reales para intervenir, que los pares sean educados para no avalar ni reforzar la conducta del agresor, y que la sociedad deje de normalizar lo que claramente hace daño.


Y cuando las herramientas no están en casa, los profesionales de la conducta están disponibles para acompañar el proceso.


Sintoniza Una Voz, Cuatro Miradas en Conecta Puerto Rico, donde todas las voces se encuentran.

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