Estamos educando a nuestros hijos para un mundo que ya no existe: la conversación que Puerto Rico no puede seguir posponiendo
- Conecta Puerto Rico

- 17 ago
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Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta
El sistema educativo moderno fue diseñado durante la Revolución Industrial para formar trabajadores de fábrica: personas que cumplieran horarios, siguieran instrucciones y memorizaran procedimientos. Ese modelo tiene más de 100 años. El mundo cambió, los empleos cambiaron, la economía cambió. Pero la estructura del salón de clases sigue siendo reconociblemente la misma. Esta semana en En Voz Alta, el coach y especialista en neurobusiness Waldemar Serrano y el contable Héctor Alicea, de Alicea Accounting LLC, se sentaron a analizar la brecha real entre lo que nuestro sistema enseña y lo que el mundo de hoy exige.
Un modelo de los años 50 para un mundo del 2026
Waldemar Serrano fue directo desde el principio: el modelo educativo que Puerto Rico implementó en el Departamento de Educación en los años 50 fue diseñado específicamente para alimentar las fábricas del programa 936. Era un funnel entre la educación y la manufactura. Ese programa desapareció hace décadas. El modelo, no.
"En Puerto Rico, en los próximos 10 a 15 años, no van a haber electricistas, plomeros ni mecánicos. Facebook está haciendo en Estados Unidos certificaciones en esos oficios porque los van a necesitar para todos los proyectos que vienen. ¿Cómo es posible que sigamos con un sistema educativo de 75 años atrás para una realidad laboral completamente diferente?", señaló Serrano durante el segmento.
El Foro Económico Mundial, en su informe Future of Jobs 2025, proyecta que hasta 2030 se crearán 170 millones de empleos nuevos, pero no en los campos tradicionales: inteligencia artificial, ciberseguridad, análisis de datos y energías renovables. Y el 39% de las habilidades clave que el mercado exigirá para esa fecha todavía no se están enseñando en los sistemas educativos convencionales.
Lo que los patronos buscan y los egresados no traen
Lo que encabeza la lista de habilidades más valoradas para el mercado futuro no son conocimientos técnicos: son pensamiento analítico, resiliencia, creatividad y liderazgo. Ninguna de esas destrezas se evalúa en un examen parcial.
Serrano señaló algo que muchos adultos prefieren no reconocer: mientras los jóvenes de generaciones anteriores pasaban 12 horas afuera aprendiendo a socializar con extraños, a manejar emociones, a trabajar en equipo y a resolver problemas en tiempo real, los jóvenes de hoy interactúan principalmente a través de pantallas desde edades muy tempranas, lo que limita el desarrollo de destrezas sociales y comunicativas fundamentales.
"Vayan a cualquier restaurante, tienda o negocio donde haya un joven. Primero, no te miran a la cara. No tienen las destrezas básicas de comunicación porque no les han enseñado lo más básico: saludar, preguntar en qué pueden ayudar, relacionarse. El cerebro necesita experiencias reales para desarrollar esas capacidades, y eso no lo da ninguna tableta", explicó el especialista en neurobusiness.
El estigma de los oficios técnicos: un error que le cuesta caro a Puerto Rico
Uno de los momentos más contundentes del debate fue la pregunta sobre si estamos estigmatizando los oficios técnicos en Puerto Rico. La respuesta de Serrano fue con datos.
"En Estados Unidos, un mecánico está cobrando hasta $250,000 al año. Un electricista cobra $150 solo por llegar a tu casa. Un soldador con experiencia puede estar ganando entre $200 y $300 la hora en Puerto Rico. Si tú quieres que tu hijo sea exitoso, ahí tienes ejemplos concretos", señaló.
El especialista también cuestionó por qué las universidades y escuelas no anticiparon la caída en la matrícula —que en Puerto Rico supera el 40% en los últimos 10 años— ni se transformaron para ofrecer alternativas técnicas a tiempo.
El costo real de estudiar y lo que nadie le dice al joven antes de firmar
Héctor Alicea, especialista en contabilidad y finanzas, puso números a la conversación. Estudiar en una universidad pública o privada en Puerto Rico puede costar entre $4,000 y $8,000 al año dependiendo de la carrera. Las carreras de leyes o de medicina pueden llegar a seis cifras en la inversión total.
El error más común que identificó Alicea: los jóvenes eligen una carrera sin preguntarse si hay mercado para lo que van a estudiar, cuánto van a ganar al graduarse, cuánto les quedará después de impuestos y cómo van a repagar el préstamo estudiantil.
"Hay personas que cogen préstamos estudiantiles y se olvidan de ellos. No sé cómo lo hacen. Pero hay que ver si la profesión tiene un retorno de inversión real, porque comprometerse con una deuda sin terminar la carrera o sin poder ejercerla es un golpe financiero que puede durar décadas", advirtió Alicea.
También compartió un consejo financiero que pocas familias conocen: los estudiantes del sistema público que reciben sobrante de becas y trabajan a tiempo parcial pueden acumular entre $5,000 y $10,000 durante su carrera universitaria si administran bien esos fondos, dinero que puede usarse como entrada para comprar su primera propiedad al graduarse.
La pregunta que queda en el aire
¿Cuántos jóvenes están tomando decisiones educativas basadas en información real, en autoconocimiento genuino y en orientación de calidad? ¿Y cuántos lo están haciendo a ciegas, con presión familiar, sin datos, sin guía y con la firma de un préstamo que no entienden del todo?
Un diploma no garantiza el futuro. Pero la ignorancia sobre las opciones disponibles tampoco lo garantiza. Lo que sí marca la diferencia es tener acceso a información honesta, orientación de calidad y adultos que acompañen, no empujen, esas decisiones.
Para contactar a Waldemar Serrano, puede encontrarlo en LinkedIn y redes sociales como Waldemar Serrano Burgos o Dragonfly Group. Para consultas con Héctor Alicea, puede comunicarse a través de Alicea Accounting LLC en Facebook e Instagram como @aliceaaccountingllc o por WhatsApp al 939-247-4381.
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