Mitomanía: cuando mentir se convierte en un patrón que destruye la confianza

La Dra. Marilia Padua explica cómo distinguir una mentira ocasional de un patrón de mentira patológica, y qué hacer cuando la confianza en una relación cercana se ha roto
Por Conecta Puerto Rico| Dra. Marilia Padua | Segmento #ConectaContigo
"Esa persona miente por todo." "Inventa historias." "Ya no sé cuándo está diciendo la verdad." Son frases que casi todos hemos escuchado, o incluso dicho, alguna vez. Pero ¿qué ocurre cuando mentir deja de ser algo ocasional y se convierte en un patrón persistente que comienza a destruir la confianza de quienes rodean a esa persona? De eso habló la Dra. Marilia Padua en el segmento Conecta Contigo, dedicado esta semana a un comportamiento que suele nombrarse a la ligera: la mitomanía.
¿Qué es exactamente la mitomanía?
Todos podemos mentir en algún momento, por razones muy distintas. Pero existe una diferencia importante entre una mentira ocasional y un patrón recurrente que empieza a afectar la vida personal, familiar, social o laboral de una persona. Clínicamente conocida como pseudología fantástica, la mitomanía "es un patrón de mentira persistente, generalizada y a menudo compulsiva que causa disfunción en muchas áreas de la vida", explicó Padua.
Lo que distingue esta conducta de una mentira común no es solo la frecuencia, sino la naturaleza de la historia. "Lo que distingue esta conducta de una mentira común es que las personas crean narrativas elaboradas y exageradas que llegan a creer como verdaderas", señaló la especialista, a diferencia de la mentira típica, que es un engaño deliberado con un propósito claro.
Las señales que marcan la diferencia
¿Cómo saber si se está frente a una mentira puntual o frente a un patrón más profundo? Padua identificó varios elementos que ayudan a distinguirlos. La frecuencia es el primero: mientras la mentira ocasional ocurre en momentos puntuales ligados a una situación específica, la patológica se repite constantemente y en distintos contextos —trabajo, pareja, familia, amistades—. También importa la razón detrás del engaño: cuando mentimos ocasionalmente casi siempre hay un objetivo claro, como evitar un castigo o no herir a alguien; en la mentira patológica, en cambio, muchas veces no existe un beneficio real, y la persona miente incluso cuando decir la verdad sería más fácil.
La conciencia del engaño marca otra diferencia clave. Quien miente ocasionalmente sabe que está mintiendo y, confrontado, generalmente lo reconoce; en la mentira patológica, la persona puede sostener la historia fabricada con tal convicción que parece creérsela ella misma. A eso se suman el contenido —simple en la mentira puntual, elaborado y dramático en la patológica— y el impacto: mientras una mentira aislada no suele deteriorar de forma sostenida la confianza, la mentira patológica erosiona relaciones de manera crónica y puede afectar el trabajo, la familia o la vida social de forma repetida.
¿Es un diagnóstico clínico?
Es importante aclarar algo, subrayó Padua: la mentira patológica no es un diagnóstico formal dentro del DSM-5-TR. No existe un código específico para "mitomanía". Sin embargo, sí aparece relacionada con otras condiciones que el manual sí reconoce, como el trastorno facticio —cuando la persona finge o exagera síntomas físicos o psicológicos de manera consciente—, el trastorno de personalidad antisocial —uno de cuyos criterios diagnósticos incluye el engaño reiterado y la manipulación para beneficio o placer personal— y el trastorno de personalidad narcisista, donde puede aparecer la fabricación de logros o historias para sostener una imagen idealizada de sí mismo. Se trata, en cualquier caso, de una conducta que un profesional debe evaluar dentro de un cuadro clínico más amplio.
Lo que dice la evidencia reciente
La ciencia también ha estudiado este comportamiento. Un caso clínico publicado en 2025 en el Journal of Psychiatric Practice, de la Universidad de Columbia, describe la mentira patológica como un síndrome psiquiátrico que sigue siendo un reto para los clínicos diagnosticar y manejar (Sah et al., 2025). Por su parte, una revisión de casos publicada ese mismo año en European Psychiatry plantea que este comportamiento está relacionado con la interacción entre factores neurobiológicos, psicológicos y sociales (Silva et al., 2025). Es decir, no es "solo un mal hábito": puede incluir historial de trauma, condiciones del estado de ánimo o rasgos de personalidad.
Qué hacer cuando la mentira se convierte en patrón
Para quien reconoce este patrón en sí mismo, la recomendación es buscar evaluación con un psicólogo o psiquiatra que ayude a identificar qué hay detrás de la conducta. Para quien convive con una persona que miente constantemente, Padua sugirió establecer límites claros sin caer en confrontaciones constantes —señalar la mentira de forma directa puede intensificar la conducta en algunos casos—, buscar apoyo terapéutico propio para procesar el desgaste emocional, y evaluar, con ayuda profesional si es necesario, qué tanto la relación puede sostenerse.
"Comprender no es lo mismo que justificar: se puede tener empatía por lo que la otra persona atraviesa y, a la vez, proteger el propio bienestar", cerró la especialista.
Una mentira puede parecer pequeña, pero cuando se convierte en patrón, sus consecuencias pueden ser enormes: se deteriora la confianza, aparecen las dudas, y las relaciones terminan viviendo bajo una pregunta constante. Reconocer que mentir se ha vuelto un patrón difícil de controlar —o vivir junto a alguien que lo tiene— no significa cargar con eso en soledad.
En Mindset Psychological & Consultant Group, en Ponce, ofrecen psicoterapia para niños, adolescentes y adultos, terapia de pareja, terapia ocupacional y trabajo social clínico. Información y citas al 939-835-7257.

Comentarios