"Realengo": el perro callejero que carga mil años de historia de reyes, conquistas e imperios
- Conecta Puerto Rico

- 25 ago
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Por Conecta Puerto Rico | Segmento #AloBoricua
En Puerto Rico, la escena es cotidiana: vas manejando por el barrio, cruza un perro por el medio de la calle —sin collar, sin dueño, sin nadie detrás de él— y alguien en el carro dice: "¡Ay, un perro realengo!" Todo el mundo sabe exactamente de qué se habla. Pero lo que casi nadie sabe es que esa palabrita tan de todos los días tiene un pasado que nos lleva directo a la monarquía española, a las Islas Canarias y a más de mil años de historia política. Hoy en A lo Boricua, Conecta Puerto Rico celebra la palabra que viajó desde los reyes medievales de Castilla hasta las calles de nuestra isla.
Del latín medieval a nuestras calles: una historia de reyes y conquistas
La historia de "realengo" comienza en el siglo XI. Ya en documentos escritos en latín medieval aparece la forma regalengum, que significaba algo propio del rey, algo que pertenece a la corona. El prefijo viene de regalis —real, regio, del rey— y de ahí nació todo.
Cuando la palabra pasó al castellano, conservó ese significado: realengo era lo que pertenecía al rey, en contraste con lo que pertenecía a un noble, a un señor feudal o a un individuo particular. Y fue precisamente ese contraste el que le dio vida y utilidad durante la época de la colonización española.
Para entenderlo mejor, hay que viajar a las Islas Canarias, ese archipiélago frente a la costa de África que fue la primera gran escala de España en su expansión colonial. Las primeras islas en ser colonizadas —Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro— no fueron conquistadas directamente por la corona. Fueron colonizadas por nobles individuales con autoridad absoluta sobre sus territorios. A sus islas se les llamaba "islas de señorío", porque pertenecían a un señor, a una persona particular.
Pero cuando la monarquía española conquistó Gran Canaria, La Palma y Tenerife, esas islas pasaron a ser propiedad directa de la corona. No de un noble. De los reyes. Y fueron llamadas las islas realengas.
De la política al perro de la esquina
Si algo es realengo —si pertenece a todos y a nadie en particular— entonces, en la práctica, nadie lo cuida, nadie lo reclama y nadie es responsable de ello. De ahí al significado moderno, el camino fue natural.
El lexicógrafo Augusto Malaret lo documentó en Puerto Rico ya en 1937: en la isla, "realengo" se usaba para describir a un callejero, a alguien que andaba suelto sin rumbo fijo ni dueño que respondiera por él. La misma idea política convertida en descripción social. Con el tiempo, la palabra se fue asentando específicamente en el mundo animal —el perro, el gato, el animal que anda libre por la calle sin collar, sin casa, sin nadie que lo reclame— un uso que la Real Academia Española documenta también en México, República Dominicana y Venezuela.
Así que la próxima vez que vean un perro realengo cruzar la calle, sepan que ese animal carga con él —sin saberlo— más de mil años de historia. Desde los reyes medievales de Castilla, pasando por la conquista de las Canarias, cruzando el Atlántico con los colonizadores y aterrizando finalmente en nuestras calles boricuas.
Así lo usamos en Puerto Rico
"Mira ese perro realengo — está flaquito pero se ve contento. Dale algo de comer."
"En ese callejón hay tres gatos realengos que la vecina les pone comida todos los días."
"Mi abuela siempre le daba agua a los perros realengos que pasaban por el patio."
"Ese muchacho anda bien realengo — sin trabajo, sin plan, sin na'."
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El arte que acompañó esta palabra fue diseñado por Héctor Luis Aguilar Morales — búscalo en Instagram, TikTok y YouTube como @erebushellhound y en ArtStation. Sintoniza A lo Boricua en Conecta Puerto Rico, donde celebramos la lengua, la identidad y el sabor tan particular del español boricua.

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