"Dejaron de importar": el aislamiento silencioso que enferma a los adultos mayores en Puerto Rico
- Conecta Puerto Rico

- 11 may
- 3 min de lectura
La psicóloga clínica Jennifer Pérez explica por qué la soledad no es solo tristeza — es una emergencia de salud pública que el sistema ignora.
Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta
La Organización Mundial de la Salud ya lo nombró: la soledad es una pandemia silenciosa. Y en Puerto Rico, esa pandemia tiene rostro, tiene edad, y tiene una dirección muy concreta.

El estudio Voces Vitales del Adulto Mayor 2026 de AARP Puerto Rico revela que el 71% de los adultos mayores encuestados evita salir a eventos sociales y actividades en su comunidad por miedo. El 31% lo hace muy frecuentemente. El 40%, de manera ocasional. Y el 75% atribuye ese encierro, al menos en parte, a la criminalidad.

Pero el aislamiento, advierte la doctora Jennifer Pérez, psicóloga clínica especializada en adultos mayores, no es solo un problema de seguridad.
"El ser humano es social por naturaleza. La socialización es parte de nuestra esencia. Y si alguna de las tres áreas de la tríada de la salud — física, mental y social — no se atiende, las otras también se ven afectadas." — Dra. Jennifer Pérez, psicóloga clínica
La diferencia entre estar solo y sentirse solo
Uno de los matices más importantes que la doctora Pérez trajo a la conversación es la distinción entre aislamiento y soledad — dos realidades que se confunden pero no son iguales.
El aislamiento es concreto: la ausencia de redes de apoyo, de personas en quienes refugiarse. La soledad, en cambio, es subjetiva — ese sentimiento que puede estar presente incluso cuando una persona está rodeada de gente.
"Podemos tener personas rodeadas de muchísimas personas que igual se sienten solas", explicó la psicóloga clínica.
Esa distinción importa clínicamente, porque significa que resolver el aislamiento no resuelve automáticamente la soledad. Y ambas, si se sostienen en el tiempo, producen daños medibles en la salud.
Lo que el aislamiento le hace al cuerpo y a la mente
La doctora Pérez describió con claridad los efectos clínicos del aislamiento sostenido en la población adulta mayor: aumento en la probabilidad de enfermedades cardíacas, deterioro de las funciones ejecutivas — esa capacidad para planificar, tomar decisiones y ejercer juicio — y una elevación crónica del cortisol, la hormona vinculada al estrés.
"Imagínate mantener un carro encendido todo el tiempo. Va a llegar el momento en que se va a empezar a desgastar totalmente", describió Pérez.
A eso se suman síntomas de ansiedad y depresión — y un dato que sacude: estudios señalan que el aislamiento y la soledad aumentan en un 26% la probabilidad de presentar algún tipo de demencia, incluyendo Alzheimer.
Y todo esto ocurre en una isla que tiene aproximadamente 60 geriatras para atender a cerca de 900,000 personas mayores. Uno por cada 15,000 adultos mayores. Aunque el 95% de los encuestados en el estudio considera importante aumentar ese número, la realidad hoy es que la gran mayoría no tiene acceso a un médico que entienda sus necesidades específicas.
"Sintieron que dejaron de importar"
Para la doctora Pérez, detrás de los números hay algo más profundo que las estadísticas no siempre logran capturar: muchos adultos mayores no solo se sienten solos por la inseguridad. Se sienten solos porque perciben que dejaron de ser necesarios.
El 57% de los encuestados se siente menos seguro que antes en Puerto Rico. El 50% dice sentirse poco o nada seguro en su entorno cotidiano. Y el 60% ha considerado irse — no necesariamente por deseo, sino porque sienten que la isla no está preparada para que envejezcan con dignidad.
"Muchos sienten que dejaron de importar de alguna manera y perdieron ese sentido de propósito. Y eso aumenta el sentimiento de soledad y el aislamiento." — Dra. Jennifer Pérez, psicóloga clínica
La respuesta, dice Pérez, no puede ser individual. Tiene que ser colectiva.
Una responsabilidad que es de todos
La doctora Pérez cerró su intervención con un llamado que conecta con lo que planteó antes José Roberto Acarón de AARP Puerto Rico: la ruptura del tejido comunitario no es solo una consecuencia del problema — es parte del problema.
Lo que ocurre con el vecino adulto mayor también es, de alguna manera, responsabilidad nuestra. Y una herramienta concreta para abordarlo son los determinantes sociales de la salud — las condiciones en que nacemos, crecemos y envejecemos — revisados y adaptados a la realidad de una población donde una de cada tres personas tiene 60 años o más.
"Es importante que todos podamos reconocer que aportamos a la sociedad de alguna manera. Lo que le pasa a mi vecino también es mi responsabilidad", explicó.
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