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Cuando el conflicto escala sin que nadie lo detenga: lo que la psicología clínica nos dice sobre el bullying, la violencia juvenil y el papel de los adultos cambiar

  • Foto del escritor: Conecta Puerto Rico
    Conecta Puerto Rico
  • 4 ago
  • 5 min de lectura

Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta

Gabriela Nicole Prats Rosario tenía 16 años. La noche antes de regresar a la escuela, el 11 de agosto de 2025, murió defendiendo a su hermana en un conflicto que llevaba tiempo escalando sin que nadie lo detuviera a tiempo. Un año después, un jurado encontró culpable a la madre, quien fue señalada como autora del crimen. Esta semana, en En Voz Alta, la Dra. Jennifer Pérez Rivera, psicóloga clínica, acompañó al panel para analizar lo que este caso revela sobre el bullying, la violencia entre jóvenes y los adultos que, en lugar de frenar los conflictos, los alimentan.


Conflicto vs. acoso: una distinción que cambia todo

Antes de hablar de soluciones, la Dra. Pérez Rivera estableció una base conceptual que el panel consideró fundamental: no todo conflicto es bullying, y no todo bullying comienza como un conflicto.


"El conflicto surge de forma natural entre personas que piensan diferente. El acoso, en cambio, no surge naturalmente: hay una intencionalidad de dañar a la otra parte, es unilateral, busca generar control y poder sobre la víctima, y fomenta el miedo y la desesperanza. Y tiene un patrón: ocurre de manera repetida", explicó la Dra. Jennifer Pérez Rivera durante el segmento.

En el caso de Gabriela Nicole, los familiares habían señalado conflictos previos entre las jóvenes involucradas. La madre de Gabriela incluso la había cambiado de escuela. Había un patrón. Había señales. Y nadie las detuvo a tiempo.


El adulto que alimentó el fuego en lugar de apagarlo

Lo que distingue este caso de muchos otros es la presencia de una madre adulta en el centro del conflicto. El tribunal determinó que facilitó activamente el acto de violencia. Para la Dra. Pérez Rivera, eso cambia radicalmente la conversación sobre el papel de los adultos en la vida de los jóvenes.


"El adolescente tiene motor y gasolina, pero no tiene freno. Ese lóbulo frontal donde está el juicio y la toma de decisiones aún no está completamente formado. El adulto es ese freno. Cuando el adulto es quien propicia e incita la situación, hay que mirar qué falló en su rol y en su historia. Muchas veces quien no tiene herramientas para manejar sus propias emociones no puede enseñarle a su hijo a manejar las suyas. Los hijos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos", señaló la especialista.

La transmisión intergeneracional de la violencia fue identificada como uno de los factores clave: adultos que crecieron en hogares donde los conflictos se resolvían con gritos o golpes y reproducen esos patrones sin reconocerlos como violencia.


La violencia entre mujeres jóvenes: visible ahora, pero no nueva

El caso de Gabriela Nicole puso en primer plano un fenómeno que históricamente se minimizó: la violencia entre mujeres jóvenes. La Dra. Pérez Rivera fue directa al respecto.


"La violencia entre mujeres históricamente ha estado presente, pero tiende a ser más relacional e indirecta: exclusión, rumores, daño a la reputación, quitar amistades. Lo que ha cambiado no es necesariamente la frecuencia, sino la exposición. Las redes sociales abrieron una ventana que antes no existía. Lo que antes quedaba en el pasillo de la escuela ahora se graba, se comparte y permanece en internet para siempre", indicó la psicóloga.

La especialista también señaló que los datos revelan una exposición cada vez más temprana: aunque la edad recomendada para tener un teléfono es los 16 años, las estadísticas muestran que desde los 11 los niños ya tienen acceso.


El ciberacoso eliminó el único refugio que le quedaba a la víctima

Uno de los puntos más impactantes del análisis fue el papel del ciberacoso en la escalada de conflictos. Antes, una víctima de acoso podía llegar a su casa y encontrar un espacio seguro. Hoy ese refugio no existe.


"Ahora la exposición es 24 horas, 7 días a la semana. Lo que sucede en el salón de clase no se queda ahí: se graba, se comparte, y ya no hay un refugio para quien es víctima. Eso aumenta el malestar de manera significativa", advirtió la Dra. Pérez Rivera.

El panel también señaló la normalización preocupante de ver videos de peleas en redes sociales sin intervenir, sin denunciar, muchas veces hasta compartiéndolos, como si el acto de grabar sustituyera la responsabilidad de actuar.


Las grietas del sistema: leyes que existen pero no se implementan

Puerto Rico tiene legislación amplia en materia de acoso escolar: la Ley 37 de 2008, la Ley 49 de 2008, la Ley 256 de 2012, la Ley 104 de 2016, la Ley 85 de 2017 y la más reciente enmienda de 2025. El problema, según la Dra. Pérez Rivera, no es la falta de legislación.


"La falla está en la ejecución e implementación. He leído casos donde un joven fue agredido físicamente en una escuela, terminó hospitalizado, y el protocolo de comunicar a la policía no se siguió. La institución no lo hizo. La policía se enteró cuando llamó el hospital. No quiero atribuir mala intencionalidad, puede ser desconocimiento, pero los protocolos no se están siguiendo", señaló.

El caso de Gabriela también expuso una realidad dolorosa: el conflicto no ocurrió en horario escolar ni en instalaciones escolares. Era una actividad comunitaria de verano. Y ahí, las leyes de acoso escolar tienen un alcance limitado.


Lo que los maestros pueden hacer con los recursos que tienen

El panel reconoció la realidad de los maestros: salones sobrepoblados, recursos insuficientes y múltiples crisis simultáneas. La Dra. Pérez Rivera ofreció herramientas mínimas pero concretas.


Leer el salón. Un maestro conoce a sus estudiantes y puede notar cuándo alguien se convierte en un blanco fijo. Documentar lo que está ocurriendo sin esperar a que escale. No minimizar conductas con el argumento de que "son cosas de niños." Y sobre todo, estar disponible: los jóvenes se acercan al adulto en quien confían.


Lo que Gabriela Nicole nos obliga a cambiar

"Primero, reconocer que el problema es real y existe. No minimizarlo. Darle peso a la salud socioemocional. Aprender a identificar y nombrar lo que sentimos. Entender que la violencia no es una manera de validar el poder. Y culturalmente, dejar de fomentar una cultura enmarcada por la violencia", concluyó la Dra. Pérez Rivera.

Gabriela Nicole quería estudiar psicología. Quería ayudar a otros. Ese sueño le fue arrebatado. La menor responsabilidad que podemos asumir es que su historia cambie algo en la manera en que criamos, enseñamos, intervenimos y actuamos cuando vemos algo que está mal.


Para comunicarse con la Dra. Jennifer Pérez Rivera, puede escribirle a jenniferperez.phd@gmail.com o encontrarla en redes sociales como @doctorajenniferperez.


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