El costo de ignorar a los que construyeron Puerto Rico
- Conecta Puerto Rico

- 11 may
- 3 min de lectura
La economista Dahil Colón Arbelo lo dice sin rodeos: no es cuánto cuesta atender al adulto mayor — es cuánto cuesta no aprovecharlo.
Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta

Los números del estudio Voces Vitales del Adulto Mayor 2026 de AARP Puerto Rico ya pusieron sobre la mesa el impacto humano. Pero hay una pregunta que la economía no puede esquivar: ¿quién paga el costo de no prepararse?
La doctora Dahil Colón Arbelo, catedrática auxiliar del Departamento de Economía de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, vino a responderla — y no con eufemismos.
"No es cuánto cuesta atender al adulto mayor. Es cuánto cuesta no aprovecharlo. Detrás de ese 60% que considera irse no hay una estadística abstracta. Hay décadas de experiencia profesional acumulada, redes de conocimiento, capital humano maduro — y el poder de consumir en un país que pierde," — explicó la doctora Colón Arbelo.
Tres frentes de pérdida que nadie contabiliza
Desde la economía institucional, lo que Puerto Rico enfrenta tiene nombre: un fallo de coordinación entre el mercado y el Estado. Cuando una persona mayor deja de trabajar o de emprender — no porque quiera retirarse, sino porque el entorno no le ofrece condiciones —, la pérdida opera en tres frentes simultáneos: producción que desaparece del PIB sin que nadie la registre como pérdida, consumo que se retrae del mercado local, y una transmisión de conocimiento que se interrumpe sin dejar sustituto.

Y cuando además esa persona emigra, el daño se duplica: se va el activo y se lleva el gasto.
Las razones que los encuestados citan para considerar la emigración lo confirman: 89% por acceso a salud, 87% por cuidado a largo plazo, 78% por asistencia financiera. No es capricho. Son condiciones mínimas para envejecer con dignidad y seguir siendo productivo.
Las calles también son economía
El 57% de los encuestados señala que las aceras y espacios urbanos de Puerto Rico no son seguros ni accesibles para personas mayores o con discapacidad. El 92% apoya la implementación de la legislación de calles completas aprobada en 2024. Y aunque parezca un tema de infraestructura, la doctora Colón Arbelo lo conecta directamente con la participación económica.
"Cuando una persona mayor no puede desplazarse con autonomía, deja de consumir, aumenta su dependencia — transfiriendo la carga al sistema de salud público — y acelera su deterioro físico y cognitivo, lo que incrementa el costo de cuidado a largo plazo. La gran pregunta es quién lo absorbe, porque la clase productiva también es la que más emigra," — acotó la economista.
La única salida: convertir la demografía en activo
La doctora Colón Arbelo fue directa sobre lo que tendría que cambiar en política pública. Puerto Rico destina recursos cuantiosos en incentivos a industrias foráneas — un informe reciente de Espacios Abiertos estima 30 mil millones en gastos tributarios cuantificables, casi equivalentes al 33% del presupuesto consolidado — mientras su propia demografía espera en la fila.
La propuesta es clara: capitalizar a quienes todavía pueden y quieren contribuir, redirigir incentivos hacia la economía local, y diseñar política pública que ponga como protagonistas a quienes construyeron el país.
Y si esa conversación tiene que llegar a la Cámara o al Senado, que llegue.
Tres voces, un diagnóstico
El segmento En Voz Alta cerró con un cuadro que Puerto Rico no puede seguir ignorando:
60% de los adultos mayores considera irse — cifra que sube al 66% entre los mayores de 70 años. Un 57% se siente menos seguro que antes. Un 71% evita salir por miedo. Y apenas 60 geriatras para atender a cerca de 900,000 personas mayores.
La pregunta sigue en el aire: ¿va Puerto Rico a responderle a sus adultos mayores antes de que decidan irse — o después?
Envejecer no es el final de nada. Es una etapa que merece dignidad, servicios y respeto.
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