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Familias fragmentadas: lo que la sociedad, la ley y las emociones revelan sobre las parejas que ya no duran

  • Foto del escritor: Conecta Puerto Rico
    Conecta Puerto Rico
  • 4 may
  • 5 min de lectura

Cuando el amor se rompe: psicología, derecho y ciencias sociales se unen para explicar por qué las familias puertorriqueñas están cambiando para siempre


Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta



En 1990, Puerto Rico celebraba más de 36,000 matrimonios al año. En 2020, apenas se registraron 5,794. El más reciente informe demográfico reporta 11,801 matrimonios frente a 6,266 divorcios — lo que equivale a 531 rupturas por cada 1,000 bodas. Los números hablan. Pero lo que no dicen es qué está pasando dentro de esos hogares antes de que llegue el papel firmado por un juez.


Esa fue precisamente la pregunta que abrió el más reciente segmento de En Voz Alta en Conecta Puerto Rico: ¿qué está pasando hoy día que las familias ya no duran como antes? Para responderla, se reunieron tres voces que rara vez comparten el mismo espacio — un sociólogo, una psicóloga clínica y una abogada de familia.


La sociedad que nos presiona sin pedirnos permiso

El doctor Michael González Cruz, catedrático de ciencias sociales y representante ante la Junta Universitaria de la UPR en Mayagüez, fue claro desde el inicio: lo que estamos viviendo no es únicamente una crisis. Es una transformación.


"Estamos ante una transformación de la composición y el significado de lo que es la familia en Puerto Rico. Está cambiando el significado que le damos a esas relaciones íntimas", afirmó.


Para González Cruz, hay cambios positivos en esta reconfiguración — la mujer asume hoy el mismo peso económico en el hogar, los padres participan más en la crianza, los roles se redistribuyen. Pero esos cambios coexisten con una presión estructural que pocos quieren nombrar directamente: la crisis económica que deja al individuo solo, con herramientas limitadas, frente a desastres naturales, pandemias e incertidumbre global.


Uno de sus hallazgos más reveladores es el efecto de lo que llama la migración escalonada — cuando uno de los cónyuges parte primero, dejando al otro atrás. "Esa migración ya comienza a establecer unos grados de separación física que después se pueden convertir en emocionales", explicó. A eso se suma la posibilidad de nuevas relaciones en el destino, la asimetría de ingresos que se genera y la reconfiguración forzada de los roles de género.


Cuando se le preguntó cuál era el factor de mayor peso en el deterioro de las relaciones, González Cruz no dudó: la sobrecarga emocional. "Afloran las incertidumbres, tanto económicas como emocionales, los celos. A veces las ideas se convierten en realidad, porque las consecuencias son reales para nosotros a través de la conducta que manifestamos."


Y sobre la economía como detonante de rupturas, fue contundente: "La realidad material incide mucho en la emocional. Así que, ¿podríamos decir que la estabilidad está atada a la seguridad financiera? Sí, está atada a la seguridad financiera."


La ley que cambió — y que mucha gente no conoce

El nuevo Código Civil de Puerto Rico, vigente desde 2020, eliminó 12 causales de divorcio. El adulterio, el trato cruel, el abandono: todo desapareció del texto legal. Hoy solo existen dos modalidades: consentimiento mutuo y ruptura irreparable.

La licenciada Isaura Rodríguez, abogada de familia, lo resumió con una advertencia directa: "El divorcio no es solo un proceso legal. Es un proceso emocional, familiar y económico."


La primera pregunta que Rodríguez hace cuando llega un cliente a su oficina es siempre la misma: ¿hay hijos menores de edad? Porque si los hay, el proceso se divide en tres frentes simultáneos — custodia, relaciones paterno-filiales y pensión alimentaria — todos procesos separados que pueden extenderse en tiempo y costo más de lo que cualquier pareja anticipa.


Sobre las dos modalidades disponibles, la diferencia es fundamental: "En una ruptura irreparable, al tribunal no le interesan las razones por las cuales la persona quiere divorciarse." Una parte puede negarse, y el proceso continúa igualmente. En el mutuo consentimiento, en cambio, todo debe estar acordado de antemano — bienes, custodia, pensión — lo que puede ser ágil si hay acuerdo, o un callejón sin salida si no lo hay.

Rodríguez también destacó una alternativa que pocos conocen: el divorcio ante notario, bajo la ley de asuntos no contenciosos. "Probablemente esa puede ser una alternativa más económica", señaló, para parejas que lleguen a un acuerdo completo sin necesidad de entrar al tribunal.


Sobre el derecho a hogar seguro — una de las disposiciones más importantes del nuevo código — fue directa: el menor tiene derecho a permanecer en la vivienda familiar independientemente de a quién pertenezca legalmente esa propiedad. "El tribunal siempre va a salvaguardar que el menor va a quedarse con un hogar protegido."


Las emociones que ninguna ley puede resolver

La doctora Marilia Padua, psicóloga clínica, aportó la perspectiva de que los números jamás podrán capturar. Sobre la custodia compartida — que el nuevo código favorece — fue matizada y precisa: "Desde la psicología no debemos pensar que es el método. La custodia compartida lo que trae problemas o no, es más bien la relación que tengan los padres y cuán importante para ellos es poner a esos niños en el centro."


La pandemia, recordó Padua, no creó los problemas en las parejas. Los expuso. "La pandemia expuso fracturas existentes. Se dispararon los casos de custodia, las órdenes de protección y la violencia doméstica."


Y sobre cómo hablarles a los hijos del divorcio, su consejo fue tan claro como necesario: "Los niños no necesitan saber cuál es la causa por la que yo me estoy divorciando. Ellos lo entienden como: papi o mami no van a estar aquí."


Padua cerró con un llamado que resumió el espíritu del segmento completo: "No podemos poner al hijo en el medio, no podemos hablar mal del otro progenitor, no podemos desbordarnos emocionalmente frente a nuestros hijos. Hay que cuidar la salud física y mental de todos — de los adultos, pero sobre todo de los niños."


¿Crisis o evolución?

La pregunta quedó flotando al cierre del debate, sin respuesta fácil: ¿estamos fallando como sociedad o evolucionando como individuos? Tal vez ambas cosas sean ciertas al mismo tiempo.


Lo que sí quedó claro es que detrás de cada divorcio hay una historia que merece ser entendida, no juzgada. Que la ley cambió, pero las emociones siguen su propio calendario. Y que mientras sigamos tratando la fragmentación familiar como un problema individual — en vez de estructural — las estadísticas no van a cambiar.

Como dijo una de las voces del panel: "Vamos a proteger nuestra familia. Y si no funciona, vamos a irnos tranquilamente y en paz."


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