La violencia que no vemos: por qué Puerto Rico necesita mirar más allá de los titulares
- Conecta Puerto Rico

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La Dra. Jennifer Pérez explica el triángulo de la violencia, el trauma vicario y por qué todos somos víctimas de una violencia que muchas veces ni reconocemos
Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta

Cada mañana, Puerto Rico se despierta con nuevos titulares. Un asesinato. Un feminicidio. Una agresión. Un suicidio. Y poco a poco, sin que nadie lo decida conscientemente, empezamos a normalizar lo que debería seguir indignándonos.
Esta semana en En Voz Alta, la Dra. Jennifer Pérez, psicóloga clínica y colaboradora del programa, abrió una conversación que va mucho más allá de los casos que aparecen en las noticias. Porque la violencia no ocurre en el vacío — y si solo atendemos lo que se ve, nunca llegaremos a las raíces.

El triángulo de la violencia: lo que no vemos es lo más peligroso
El investigador Johan Galtung desarrolló un marco teórico que la Dra. Pérez trajo al centro de la conversación: el triángulo de la violencia. Según este modelo, la violencia directa — asesinatos, agresiones, violaciones — es solo la punta visible. Debajo hay dos capas igualmente poderosas y mucho más difíciles de reconocer.
La violencia estructural ocurre cuando el sistema social no satisface las necesidades básicas de las personas que debería atender. Crisis de alimentación, falta de acceso a vivienda, colapso del sistema de salud, desempleo, desigualdad económica. Todo eso es violencia — aunque no aparezca en un titular.
"Si miramos los últimos meses, podemos recordar cómo se ha hablado de cómo todos estos sistemas están en crisis en nuestro país," señaló la Dra. Pérez.
Y luego está la violencia cultural: esas actitudes y posturas que aprendemos desde temprana edad y que normalizamos sin cuestionarlas. El machismo. "Los nenes no lloran." "Si te cela es porque te quiere." La pregunta de qué llevaba puesta la víctima cuando fue agredida sexualmente — en lugar de cuestionar al agresor.
"Todo esto invisibiliza la violencia y la continúa perpetuando," explicó la psicóloga.
El cerebro que normaliza para protegerte
Cuando la exposición a la violencia se convierte en constante — en las noticias, en las redes, en las conversaciones del día — el cerebro responde de una forma que parece contraproducente pero tiene su lógica: normaliza.
"Nuestro cerebro va a buscar protegernos. Y una manera de hacerlo es normalizar la situación. Podemos perder esa capacidad de asombrarnos, de incomodarnos por lo que está sucediendo — no porque no nos importe, sino porque se vuelve una constante," explicó la Dra. Pérez.
Pero esa normalización no elimina el impacto emocional. Lo que ocurre es que el daño se acumula por debajo, de formas que muchas veces no reconocemos.
El trauma vicario: no tienes que vivirlo para sufrirlo
Uno de los conceptos más importantes que trajo la Dra. Pérez es el trauma vicario — ese desgaste psicológico y emocional que desarrollan las personas expuestas repetidamente a relatos, imágenes y consecuencias de violencia, aunque no la hayan vivido directamente.
"Si miramos esto atado a la exposición constante que hay en las redes sociales, ¿cuánta exposición no tenemos a la violencia? Eso puede llevar a que desarrollemos un trauma."
Las consecuencias son reales y medibles: desgaste emocional, estado de alerta constante, desconfianza social, aislamiento. Y a largo plazo, la Organización Panamericana de la Salud y la OMS han documentado una alta correlación entre la exposición a violencia y el desarrollo de trastornos de salud mental — PTSD, ansiedad, depresión y trastornos por uso de sustancias.
Este último punto merece atención especial: el 14.3% de las personas expuestas a trauma o violencia pueden desarrollar algún trastorno por uso de sustancias. Y muchas veces, lo que se ve como un problema de adicción es en realidad una respuesta a ese trauma no atendido.
Una aclaración importante: violencia no equivale a trastorno mental
La Dra. Marilia Padua hizo una intervención necesaria durante el segmento — y vale la pena reproducirla aquí:
"La violencia no está atada a un trastorno mental. Inmediatamente, una persona violenta a otra, rápido, la gente dice que hay un asunto de salud mental. No necesariamente. Eso sería invalidar a quienes, tras un trauma, desarrollan condiciones. No podemos categorizar que una depresión o una ansiedad va a llevar a una persona a ser violenta — porque en ocasiones la violencia es lo que lleva a tener depresión y ansiedad."
Todos somos víctimas — en distintas escalas
Cuando se le preguntó cuáles son los sectores más afectados, la Dra. Pérez fue honesta:
"No tengo un dato específico para decirte que esta población es la que más está expuesta. Quiero ser responsable con eso."
Pero sí apuntó hacia algo más amplio: la violencia estructural se hace visible en las barreras de acceso. Comunidades rurales que no pueden llegar al médico. Personas mayores sin acceso tecnológico para consultas virtuales. Zonas de Puerto Rico donde todavía no hay señal de teléfono ni internet.
"Todo eso también es violencia. Y yo me atrevo a decir que de alguna manera u otra, todos somos víctimas — a una escala mayor o menor."
La pregunta que no podemos seguir evitando
¿Estamos atendiendo las raíces de la violencia — o simplemente reaccionando cuando ya es demasiado tarde?
La respuesta honesta, según lo que plantea esta conversación, es que mayormente reaccionamos. Y mientras sigamos tratando la violencia solo como una serie de eventos aislados en lugar de como el resultado de sistemas que fallan, comunidades que no reciben lo que necesitan y culturas que normalizan el daño, seguiremos llegando tarde.
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