Sanar también implica recordar: lo que la ciencia dice sobre la memoria colectiva y las heridas que un pueblo hereda sin saberlo
- Conecta Puerto Rico

- 26 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: 27 jul
Por Dra. Marilia Padua | Conecta Puerto Rico | Segmento #ConectaContigo
Hay recuerdos que pertenecen a una sola persona. Y hay otros que pertenecen a un pueblo entero. Esta semana en Conecta Contigo, la Dra. Marilia Padua abordó uno de los temas más profundos y menos discutidos de la salud emocional: la memoria colectiva, esa que se construye con historias compartidas, silencios heredados y dolores que, si no se procesan, se transmiten de generación en generación.
¿Qué es la memoria colectiva y cómo se forma en el cerebro?
La memoria colectiva no vive en un libro de historia. Vive en las conversaciones que escuchamos de niños en la mesa familiar, en los silencios que también enseñan, en las historias que los abuelos contaron y en las que decidieron no contar. La psicología social lleva décadas estudiando cómo los grupos —familias, comunidades, países enteros— construyen y comparten recuerdos que van más allá de lo que cualquier individuo vivió personalmente.
Lo que la neurociencia confirma es fascinante: el cerebro no tiene una zona especial para la memoria colectiva. Usa los mismos sistemas de la memoria individual, pero se activan de forma social.
Cada vez que recordamos algo en grupo, el recuerdo se “abre” y se vuelve a guardar en un proceso llamado reconsolidación, acercándose cada vez más a la versión que el grupo comparte. Y cuando escuchamos el testimonio de otra persona, el cerebro se activa de forma similar a como lo haría si hubiéramos vivido esa experiencia nosotros mismos. Es lo que los especialistas llaman empatía neuronal: por eso podemos sentir el dolor de una historia que no vivimos si crecimos escuchándola.
“La amígdala es como el sistema de alarma del cerebro. Procesa las emociones, especialmente el miedo y la alerta, y graba con más fuerza lo emocional. Por eso frases como ‘no confíes’ o ‘ahorra por si acaso’ muchas veces son ecos de un miedo heredado, no solo consejos”, explicó la Dra. Marilia Padua, psicóloga clínica del Mindset Psychological & Consultant Group en Ponce.
El dolor que no se habla no desaparece: se transforma
Cuando una sociedad atraviesa un momento doloroso —una crisis, una pérdida colectiva, una injusticia— y decide no hablar de eso ni procesarlo, ese dolor no desaparece. Se transforma en silencio, en desconfianza, y a veces en un patrón que se repite generación tras generación sin que nadie entienda muy bien por qué.
Las generaciones que vivieron guerras, dictaduras o crisis económicas dejaron en sus hijos y nietos frases que parecen simples consejos pero que en realidad son el eco de un miedo colectivo que nunca terminó de procesarse. En comunidades que han vivido desastres naturales repetidos, como terremotos o huracanes, ese mismo mecanismo puede desarrollar una especie de alerta permanente que casi se vuelve parte de la identidad colectiva.
La psicología del trauma ha observado que el estrés extremo vivido por una generación puede influir en cómo las siguientes responden emocionalmente al estrés. Es un campo que sigue en estudio, pero confirma un principio claro: lo que no se resuelve, se transmite.
“El trauma colectivo no siempre se ve. No siempre hay un evento único al que señalar. A veces es una acumulación de silencios, de cosas que ‘así son las cosas aquí’, de patrones que nadie cuestiona porque siempre fueron así”, señaló la Dra. Padua.
Hablar del dolor colectivo no es quedarse en el pasado
La especialista fue cuidadosa en aclarar un punto importante: reconocer el trauma colectivo no significa que todos en una sociedad estén traumatizados de la misma forma, ni que debamos vivir mirando hacia atrás. Significa entender que la historia deja huellas, y que reconocerlas da más libertad para decidir qué conservar y qué ya no seguir cargando.
La ciencia también ha mostrado que nombrar una experiencia dolorosa, ponerle palabras, reduce su carga emocional. Esto aplica igual a una persona en terapia que a una sociedad entera hablando abiertamente de su historia.
Cuatro pasos para transformar la memoria en aprendizaje
La Dra. Padua ofreció orientación concreta para comenzar este proceso, tanto a nivel personal como comunitario.
Hablar. En familia, en comunidad, preguntarles a los mayores, escuchar sus historias, incluso las difíciles. La memoria que se comparte pesa menos.
Educarse sobre la propia historia, no solo la oficial, sino la humana: documentales, testimonios, relatos de quienes vivieron los hechos.
Darse permiso de sentir. No hace falta minimizar el dolor colectivo con un “ya pasó, hay que seguir adelante”. A veces sanar empieza simplemente reconociendo: esto nos dolió, esto nos marcó.
Transformar la memoria en aprendizaje, no en repetición. Recordar no es quedarse atrapado en el pasado; es tomar lo vivido para construir algo distinto hacia adelante.
“Recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. Recordar también puede ser un acto de valentía, de aprendizaje y de transformación. Reconstruir no siempre significa olvidar: muchas veces comienza precisamente cuando somos capaces de recordar, comprender y darle un nuevo significado a lo vivido”, concluyó la Dra. Padua.
Si hoy conectaste con la importancia de sanar desde la memoria, recuerda que no tienes que hacerlo solo. En Mindset Psychological & Consultant Group, en Ponce, ofrecen psicoterapia para niños, adolescentes y adultos, terapia de pareja, terapia ocupacional y trabajo social clínico. Para información o citas, llama al 939-835-7257.
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