Trabajar y no dar abasto: el bolsillo de Puerto Rico bajo la lupa

La inflación baja, pero los precios no. La economista y socióloga Dra. Dahil Rebeca Colón Arbelo, de la UPR en Mayagüez, explica en En Voz Alta quiénes cargan con más presión, cuándo una tarjeta de crédito se convierte en salario y por qué crecimiento no es lo mismo que desarrollo
Por Conecta Puerto Rico | Segmento #EnVozAlta
Trabajar, cobrar y ver cómo se va el dinero. La compra, la luz, el alquiler o la hipoteca, la gasolina, el carro y las tarjetas. Y cuando llega el próximo cheque, volver a empezar. Muchas personas en Puerto Rico sienten que trabajar ya no les da para salir adelante. En el segmento En Voz Alta de Conecta Puerto Rico, el programa quiso poner el bolsillo del país en contexto, sin culpar a las familias ni conformarse con respuestas fáciles.
Para eso, recibió en el estudio a la Dra. Dahil Rebeca Colón Arbelo, economista, socióloga y catedrática auxiliar del Departamento de Economía de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez.
La inflación baja, pero los precios no
Según explicó la doctora, el índice de precios al consumidor ronda actualmente el 4%, cuando los economistas suelen considerar saludable una inflación de entre 1% y 2%. Pero el problema de fondo es otro: aunque la inflación baje, los precios no vuelven a donde estaban.
Lo comparó con frenar un carro: aunque estés frenando, sigues avanzando. El huevo es un ejemplo claro: tras su alza, nunca volvió a su precio anterior. A eso se suman el costo del petróleo, que encarece la energía, el agua y el internet; un nuevo cargo en las facturas de los servicios; y la gasolina. Y fuera de los números oficiales están las emergencias: la visita al veterinario, una consulta médica de 75 a 100 dólares cuando tu médico deja de aceptar tu plan, o medicinas que el plan no cubre.
“Todo sube, menos nuestro salario. A lo mejor el salario te lo ajustan a la inflación, pero si estás ahogado, tú no lo estás sintiendo”, explicó Colón Arbelo.
La doctora también cuestionó que, una vez suben, los precios rara vez se ajustan a la baja, especialmente en bienes de primera necesidad como los del supermercado, que la gente compra sí o sí.
¿Quiénes cargan con más presión?
Judith Vázquez preguntó quiénes son los más afectados: ¿las personas que viven solas, las familias con hijos, los jóvenes que quieren independizarse o los adultos mayores con ingresos fijos? La respuesta de la doctora fue: todos, pero sobre todo la clase trabajadora, que es la que mueve la economía.
Según explicó, quienes tienen más recursos suelen hacer sus compras fuera, y las personas de escasos recursos cuentan con ayudas federales. En medio quedan los trabajadores, los solteros, las madres solteras y las personas mayores que pasaron su vida en la economía informal y hoy no tienen un retiro digno. Recordó que la tasa de participación laboral en Puerto Rico ha fluctuado entre 40% y 45%, pero que buena parte de la actividad se mueve en la economía informal. Y con más del 25% de la población mayor de 65 años, muchos siguen trabajando porque no les da.
Presupuesto, sí; pero no lo resuelve todo
¿Cuánto puede ayudar un presupuesto? Depende de cada familia, explicó. Las emergencias llegan de golpe: un accidente, una enfermedad, un familiar hospitalizado con todo y estacionamiento que pagar. Por eso se recomienda un fondo de emergencia, aunque con la inflación ese ahorro pierde valor con el tiempo. La doctora también recomendó incluir en el presupuesto tiempo para el ocio, porque vivir solo para trabajar genera una ansiedad que, a largo plazo, afecta la salud.
Cuando la tarjeta de crédito se convierte en salario
Las tarjetas de crédito son útiles, sobre todo para construir historial para una hipoteca o un préstamo. Pero la doctora, que reconoció haber pagado la compra con tarjeta cuando era profesora a tiempo parcial y el salario no le alcanzaba, advirtió sobre la trampa psicológica del “lo pago después”: funciona como un amortiguador, hasta que ese después se convierte en deudas de 5,000, 10,000 o 15,000 dólares con el mismo salario.
Hoy, dos bolsitas en el supermercado, sin carne, pueden costar 90 dólares. Por eso insistió en pagar más del mínimo: si solo pagas el mínimo, los intereses hacen que la deuda siga creciendo.
¿Y el “compra ahora y paga después”? Depende del producto. Algunos planes de cuatro pagos no cobran intereses o cobran muy poco, y pueden ayudar a distribuir un gasto necesario a lo largo de las quincenas. La clave, dijo, es planificar y preguntarse si realmente se puede pagar.
Hablar de dinero en familia
¿Por qué cuesta tanto hablar de dinero en casa? Para la doctora, es algo cultural: desde pequeños escuchamos que de dinero no se habla, cuando en realidad todo gira alrededor de él. Y las finanzas son una de las principales causas de separación de parejas.
Sus primeros pasos recomendados: investigar bien a quién se le confían las finanzas o las inversiones, hablar con honestidad con la pareja y la familia, identificar los gastos reales y buscar información en varias fuentes, no quedarse con la primera.
Crecimiento no es lo mismo que desarrollo
Cuando se anuncia crecimiento económico, ¿cómo sabe una familia si su vida realmente mejora? La doctora hizo una distinción clave: el crecimiento es el aumento de variables como el ingreso; el desarrollo es la calidad de vida de la población, es decir, cómo ese crecimiento se traduce en infraestructura, salud, educación y vivienda.
“Este proyecto turístico multimillonario para la gente rica no necesariamente va a traer desarrollo económico”, señaló Colón Arbelo.
Para ella, las señales están a la vista: la migración, las citas médicas que tardan seis u ocho meses, las carreteras y, sobre todo, la vivienda. Recordó el análisis de Estudios Técnicos que sitúa el precio promedio de una vivienda nueva sobre los 400,000 dólares, lo que exige ingresos familiares de más de 100,000 dólares. Sin acceso a vivienda, la clase trabajadora depende del alquiler, sin la seguridad necesaria para formar una familia. Y con salarios iniciales de 30,000 a 35,000 dólares, muchos jóvenes se independizan cada vez más tarde, mientras otros viajan largas distancias diarias para trabajar.
Recuperar la comunidad
¿Qué pueden hacer los negocios, las instituciones y las políticas públicas? La doctora describió unas instituciones débiles, pero se negó a dar un mensaje sin esperanza. Su propuesta: rescatar las comunidades, que en Puerto Rico parecen activarse solo tras huracanes y terremotos. Recordó que la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom, fue reconocida precisamente por estudiar cómo las comunidades organizadas pueden gestionar sus recursos, a veces mejor que los propios gobiernos.
Y señaló una ironía: un país que aspira a tener empresas y libre mercado no puede seguir expulsando a sus jóvenes, porque sin ellos no hay economía que se sostenga.
Más allá de dónde se fue el dinero
La conversación dejó claro que no todas las dificultades se resuelven recortando un gusto o descargando una aplicación de presupuesto. La planificación ayuda, pero también importan los salarios, la vivienda, los servicios y las oportunidades de progresar. La pregunta no debería quedarse en dónde se fue el dinero, sino en qué condiciones necesitamos para que trabajar permita vivir con estabilidad. Porque la meta no debería ser sobrevivir de un cheque a otro, sino tener oportunidades reales para construir un futuro.
Para contactar a la Dra. Colón Arbelo: a través del Departamento de Economía de la UPR en Mayagüez o al 787-356-5633.
Este artículo es informativo y no constituye asesoría financiera.
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